Novedades en la categoría Videojuegos
Me he reído un monton leyendo este análisis de Games Ajare. Por una parte, porque tiene más razón que un santo en algunas de las cosas que dice y por otra porque esto es lo que pasa cuando le das este tipo de videojuegos a un jugador habitual. A mi casa ha terminado llegando una de estas tablas (no porque yo la quisiera precisamente), así que he podido ver de primera mano de que va el tema y la verdad es que no me ha gustado demasiado, más que nada porque esta destinado a otro tipo de público, al casual.
Veamos en que consiste la tontería. Lo primero de todo es preguntarte tus datos personajes, como edad y altura para a continuación pesarte y humillarte. Dependiendo de lo que peses te dibuja más gordo o más delgado, y por lo natural suele ser más lo primero que lo segundo. Luego te pide que te marques un objetivo, sí, sí, que te lo marques tu, y a partir de ahí pues apañatelas como puedas. El juego no te traza ningún plan personal, ni te propone hacer mejoras o acelerar el ritmo de ejercicio. No, simplemente te va diciendo si vas cumpliendo o no tu objetivo, pero para eso no necesito una maquina “inteligente” Y te deja con una serie de ejercicios para que los vayas haciendo a tu propia conveniencia. ¡Yo necesito un entrenador que me grite y me de ordenes!
De la parte de los ejercicios pase bastante, el yoga no me va y para hacer flexiones no necesito una maquina, así que me centre en los minijuegos, que es lo único que me despierta un cierto interés. Eso sí, como en cualquier título de Nintendo, ahí que desbloquearlos para conseguir más juegos y más mejoras. La verdad es que en dos días se pueden desbloquear todos (en uno solo cansa, más que nada por la parte donde tienes que correr) y a partir de ahí se acabo todo el interés para mí.
El otro clavo en el ataúd del juego es cuando ví que mi pareja lograba correr un kilometro en cuatro minutos. No sé si tendréis constancia de como de rápido es eso, pero para un aficionado es una marca fantástica. Para batir el record del mundo de maratón se corrió a 3 minutos el kilometro (bueno, un poco menos), así que hacer 4 minutos sin moverte del salón y sin marcar el paso tiene su merito. Sobre todo por ese trote cochinero que no se parece en nada a una carrera real. Pero bueno, así es Wii fit, en algunos puntos un pequeño engaño puede contribuir a subirte el animo.
¿Merece la pena? Pues un ratito. Por la novedad y para echarte una partida a los minijuegos, pero luego se hace aburrido de cojones. Esta claro que si juegas todos los días y te esfuerzas conseguirás bajar de peso. Pero también si haces el ejercicio normal de toda la vida, y dieta y esas cosas. Lo único que logra el wii fit es que hagas un poco de ejercicio, que te muevas un poco, vamos, como ya hacía el wii sports. Si os sirve de referencia yo disfruto muchísimo más corriendo por la calle que dando cuatro pasitos en el salón viendo como unos falsos muñecos pasan a mi alrededor. Pero eso ya es cuestión de gustos.
Al final, lo de siempre. El típico juego de Nintendo innovador de la leche que va a acabar en el trastero dentro de una semana. Como si lo viera.
¡Joder como ha cambiado el juego! El post sobre Meteoro me ha traído a la cabeza este juego que en sus tiempos era lo más de lo más y que ahora me parece un frogger pero de otra manera. Me gaste un montón de dinero en la recreativa (bueno, los cuatros duros que tenía entonces, que no creo que me permitieran echar más de dos partidas por semana) y cuando lo conseguí en Spectrum me pase muchas tardes muertas con él. Pero por algún motivo no me atrae demasiado hoy en día. Me lo he bajado con el Mame, he echado algunas partidas y no he encontrado esa magia que muchos otros juegos se despiertan. Lastima porque en su día me lo pase muy bien con él, pero que visto ahora es más simple que el mecanismo de un chupete.

Raiders of the lost Ark fue el primer videojuego existente de la franquicia Indiana Jones. Se publicó en 1982 para esa pedazo de consola llamada Atari ST 2600 y era uno de los títulos estrellas, lo que hoy llamaríamos un vendeconsolas. Pero lo mejor para explicar el juego es mostrar algunas de sus pedazo de pantallas. Atentos a la potencia gráfica de la 2600.
La pantalla inicial del juego. Así empezaba nuestra aventura. Seguramente eso que aparece arriba es el arca, quien sabe. En el centro nuestro héroe, que ante nuestros ojos empieza a descender hacía la aventura. Una seudo música que se parece un poco a la de película se oye de fondo (al final os pongo un vídeo para que aprecies el efecto). Pero vayamos a la primera pantalla del juego en sí:
Atentos, eso que veis en el centro es una serpiente que amenaza con acabar con vuestra vida, que no os toque. Y abajo del todo... ¡el látigo! En efecto, ese es la herramienta indispensable de nuestro héroe. Vayamos para abajo, hacía el mercado.
¡Qué sí! ¡Qué sí! ¡Qué es un mercado! En la parte central de la imagen, tanto arriba como abajo podéis ver sendos vendedores. Además de la serpiente que también da por culo en esta pantalla, tenemos tres cestas en las que aleatoriamente aparecían objetos necesario para acabar con el juego. Y con aleatorio me refiero tanto en cualquier cesta, como en cualquier momento del juego, podias pasar por las cestas veinte veces hasta que aparecía lo que querías. Uno de estos objetos era una granada y resulta que si la cogías, ibas a la pantalla de arriba, la dejabas pegada a la pared derecha y te ibas al rato estallaba y te abría el acceso a nuevas pantallas. No sé como os sonara a vosotros, pero yo lo descubrí por pura casualidad después de varias decenas de horas intentando descubrir algo del juego. El manual era una puta mierda y la forma de jugar era demencial. El día que descubrí eso se lo conté a mi padres, a mis primos, a mis amigos, etc, etc. Era un logro brutal en este juego.
Pasemos a otra pantalla, una de las más odiosas del juego.
¡Esta cayendo al vacío! Resulta que si lograbas hacerte con un paracaídas y te lo ponías, podías engancharte a esa rama y acceder a otra pantalla, que resulta ser la última, y de la que no hay manera de salir. Es decir, después de conseguir el puto paracaídas y de engancharte a la puta rama correctamente (cosa que era casi imposible) no podías salir de la pantalla y si te metías antes de tiempos tenias que reiniciar la consola (no había partidas grabadas).
Venga. una pantalla con un nazi, para que no digáis que no salen en el juego
Alucinante, ¿verdad? Bueno, os voy a contar una cosa. A la hora de escribir este post me he puesto a buscar información de este juego por internet a ver que si explicaban como llegar al final o algo, porque nunca supe si llegue muy lejos o no. Tras un rato, he encontrado el vídeo con TODO el juego en youtube, así que hoy es la primera vez en mi vida que veo el final de un juego con el que pase montón de horas cuando tenía 6 años. Es una experiencia única la verdad... ¡qué cosas nos ha deparado el futuro!
Si alguno tiene estomago para tragarse el vídeo sin haber jugado el juego, contaros que cuando se para y se queda quieto es porque esta esperando que aparezca algo. Que los “disparos” son latigazos y los utiliza para romper trozos de pared. Y que en el minuto 3:30 entra en la sala del mapa del arca. Alucinad porque el tío se queda ahí parado más dos de minutos esperando que aparezca el sol y le marque donde se encuentra exactamente el arca. ¿Cómo iba yo a saber eso cuando era pequeño? Ah, y que huevos de final, ¡la misma pantalla que la primera!
En la década de los 80, los ordenadores de 8 bits estaban llegando a los hogares de la gente. Un programa de la época, llamado los Sabios (del que haré post en breve porque he descubierto unas cosas muy curiosas sobre ese programa) tenía como uno de sus premios gordos un Spectrum (no recuerdo si el modelo 16K o 48K, sí, la K es de Kilobytes). Mientrás el 1,2,3 daba apartamentos en Torrevieja para los adultos, los niños solo suspiraban por el maravilloso Spectrum. Pero no era el único, estaba el Amstrand, el MSX y el C64. Eran los reyes de los 8 bits y cuando nos comprábamos uno lo defendíamos a muerte. Yo fui de los de Spectrum y no veas como discutía cada vez que alguien que tenía un Amstrand me decía que su juego tenia muchos colores. ¡malditos!
En aquellos tiempos los juegos venían en http://es.wikipedia.org/wiki/Casete cintas de casete y se cargaban con un bonito procedimiento en el caso del Spectrum: metías la cinta en el casete, ponías el volumen a ¾ y a esperar todo el rato que hiciera falta, entre 5 y 10 minutos de estruendo infernal (el sonido es como cuando un modem establece conexión con otro modem). Dios mio, cuantas horas muertas pase delante de la pantalla sin hacer nada esperando que cargaran los dichosos juegos. Porque encima mediante la carga salía una pantallita fija y punto, a esperar como un idiota. Eso sí, luego te tirabas una hora o dos jugando aunque el juego fuera una soberana mierda, faltaría más.
Así que imaginaros mi sorpresa la primera vez que mi amigo me invitó a su casa a jugar con su ordenador, un Commodore 64, esa cosa horrible cuyo teclado podéis ver en la foto que acompaña este texto. Resulta que cuando cargaban los juegos... ¡tenían musica! Nada de pitiditos infernales ni demás chorradas, música, música de verdad, y de la buena encima. Mirad, en el youtube se encuentra de todo (al principio no suena porque esta cargando la música, empieza en el segundo 55)
¡Legendario! Bueno, quizá para vosotros no, que ya no estamos en los 80 y la música ha evolucionado una barbaridad, pero entonces aquello era la cosa más alucinante que te podías echar en cara. Me acuerdo que muchas veces cargábamos juegos solo para oír la música, luego pasábamos de jugar y todo. Que los juegos molaban, oiga, pero que muchas veces solo con la música ya alcanzábamos el Nirvana. Que tiempos más ingenuos y más inocentes, ¿verdad?
Con el tiempo los 8 bits fueron muriendo. Yo me compre un Atari 520, ya con 16 bits y el padre de mi amigo se compro un PC de la época, con un disco duro de unos 20 MB o algo parecido y con una tarjeta gráfica de 16 colores. Los juegos eran más sofisticados y venían en disquetes, con lo que los tiempos de carga eran bastante más reducidos. Era un avance pero un gran retroceso, ya que nos quedamos sin aquella maravillosa música que nos hacía disfrutar tanto mientras esperábamos, una lastima. Pero ey, así es el progreso, y así es como avanza el mundo. Ganamos en velocidad y eficacia pero perdemos nuestros pequeños placeres. Pero no estéis triste, maravillaros con uno de los mejores juegos que disfrute en aquella maquina y su increíble musica. ¡Awesome!
En efecto, Game Over, uno de los juegos más endiablados y chungos que me he echado en cara (solo lo supera el Army Moves). Pero no era esto lo que me ha venido a la memoria sino cierto detalle que causo revuelvo allende los mares, es decir, echarle un buen vistazo a este detalle de la portada de Luis Royo.
¿Lo veís? ¡Es un pezón! ¿Estáis excitado? Yo la verdad no mucho. Sí, es un visión bonita y da gusto verlo ahí tan hermoso. Pero tampoco es que me este volviendo loco al verlo. Sin embargo, en Gran Bretaña si que lo vieron como algo ofensivo e hiriente para la chavaleria y decidierón censurarlo.
¿Veís? Se acabaron los sudores frios y los adolescentes pajilleros. De esta manera la mano no ira a donde no tiene que ir, que luego todos nos quedamos ciegos. Aunque eso de poner el logo de una compañia española en la portada no sé yo, mejor vamos a censurarlo bien.
¡Ahora sí! Ya no se ve el pezón. Un poco de canalillo, pero eso no es malo para los niños. ¡Menos mal que estamos atentos para vigilar la moral y las buenas costumbres!
¿La futura madre de vuestros hijos o una grillada más? Los primeros evidentemente conoceis el Metroid y os ponen este tipo de chicas que se disfrazan de vuestros personajes favoritos. Los segundos, tranquilo, sois normales, los enfermos somos nosotros. Eso sí, lo de la madre es un poco exagerado, para un par de noches bien, pero luego a saber como tendrá de amueblada la cabeza una persona que no duda en gastarse una pasta en este tipo de disfraces y lucirse a lo largo y ancho de internet... Más fotos de la chiquilla en esta dirección.

Metroid es un juego de finales de los 80, cuando los juegos, la música y los tebeos eran buenos. Era un juego de plataformas en el que tenías que matar todo lo que se movía, aunque en realidad tenías que usar todo tipo de armas y de ingenio para pasarte las fases. Era un pedazo de juego, de los grandes y al final tenía una sorpresa inesperada: el protagonista era una chica. Vale, no os habéis quedado de piedra al leerlo, pero en su día resulto ser la leche. La costumbre es que los protagonistas de los juegos fueran tipos hipermusculados y con exceso de testosterona. Los jugadores también eramos en su mayoría del sexo masculino, así que todo quedaba en familia. Encontrarse en la pantalla final con Samus, la protagonista, quitándose el casco y revelando su sexo era una revelación para la que no estabamos preparado. ¡Qué grande es Nintendo! ¡Qué declaración más contudente contra el machismo imperante en el mundillo de los videojuegos!
El problema es que había más finales, concretamente 5, y fijaros lo que aparecen en dos de ellos, que evidentemente eran más dificiles de conseguir que el anterior:


¡Con menos ropa! ¡Y en biquini! ¡Toma declaración contra el machismo! ¡Toma libertades! Ay, al final los japoneses siempre pensando en las mismas guarrerias de siempre, ya desde pequeñitos.

